La Industria de los Casinos Online

La industria de los casinos online insiste en la autorización y su contrapartida, la regulación del juego por apuestas en internet. La razones no son difíciles de entender. En una sociedad democrática, los adultos deciden en qué gastan su dinero y cuáles son sus preferencias. Lo que se prohibe siempre termina por enriquecer a la parte de la sociedad que se mantiene fuera de la ley. Basta ver lo que sucede con las quinielas clandestinas y lo que sucedió con la famosa ley seca norteamericana en los años 30. A veces los que legislan no parecen entender que la creación de nuevos delitos nunca es un buen negocio. Al menos para el estado.

Estas peleas perdidas de antemano son un enorme gasto y nada más. La regulación y la generación de licencias produce ganancias para el estado y, por ende, para toda la sociedad. Hay ejemplos de países donde los impuestos a las loterías y carreras de caballos han servido para producir salas de conciertos, colegios, centros comunitarios y el mantenimiento de instituciones educacionales y hospitalarias y de muchas otras de marcado sentido social. El mayor problema en que se plantea con los casinos online es su extraterritorialidad. Como todo lo que sucede en internet, nada está ligado a lugares físicos determinados.

Por lo que a los países se le dificulta el control y el seguimiento del flujo de dinero con las consiguientes pérdidas económicas. Todavía más, el control y el aprovechamiento económico de las redes es en gran parte usufructuado por los países con mayor desarrollo tecnológico en detrimento de países como, por ejemplo, los latinoamericanos. Algunos países se proponen permitir los casinos online pero sólo los que están implantados en suelo propio, en servidores locales sometidos a una cuidadosa fiscalización. Este criterio siempre favorece a las personas más adineradas ya que a ellas no les resulta difícil hacerse de tarjetas de crédito internacionales que les permitan jugar en cualquier lado y no sometidos a los límites de las fronteras físicas.

Mientras que la mayoría de las personas se quedan empantanadas en sistemas casi siempre pesados, con restricciones fiscales, caros y poco prácticos, para depositar y retirar el dinero de sus cuentas asociadas al juego. En síntesis, el juego en los casinos online es para muchos de los países en vía de desarrollo un espacio recreativo reservado a la clase más pudiente. Pero no sólo los países en vía de desarrollo tienen dificultades. Países tan desarrollados como Francia, Italia y hasta Estados Unidos, aunque por diferentes razones, crean a sus ciudadanos una serie de inconvenientes para jugar. Las sociedades resultan ser en el fondo muy conservadoras y temerosas. Tratan por diversos modos de oponerse al progreso aunque están condenadas a avanzar a pesar de todo. Es verdad que los cambios tecnológicos a veces producen problemas. Pero también es cierto que esas mismas tecnologías son las que encuentran las maneras para resolverlos. Por más que mucha gente pida a gritos la recuperación de una vida más sana y natural, y en eso nadie en su sano juicio puede encontrar algo negativo, no hay que olvidar que hace no muchos años, frente a un hijo que moría por sarampión sólo quedaba encomendarse a los dioses y pedir que se apiadaran de nosotros.